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lunes, 17 de noviembre de 2008

Víctor y la Tempestad
El Clerigo de Helm



El pequeño atacante fue el primero en hablar apenas se había incorporado, tenia un gran hematoma en la frente, renqueaba de una pierna y se apretaba las costillas. Caminaba con algo de dificultad pero mostraba su amplia sonrisa.

- Madre, nunca dijiste que fuera tan bueno, esa ultima maniobra me tomo por sorpresa.

A unos metros adelante se incorporaba un aturdido enano con el labio partido, su amplia barba mostraba rastros de sangre, sus ojos pequeños y negros como granito brillaban con el calor de la contienda. Se sacudió la hojarasca húmeda que se aferró a su barba y armadura, se acarició el mentón y limpio la sangre de sus labios. Caminaba y refunfuñaba o viceversa su andar era lento mas de lo que recordaba Víctor, el enano jamás lo aceptaría pero ya era tiempo de colgar el hacha y guardar los implementos de viaje en el closet.

Escribir sus memorias y tal vez, solo tal vez regresar con los nietos y la abuela enana que los cuidaba.

-El chico es arrojado y estupido como tu Joshua tal vez seria un buen caballero, un que me gusta mas para guerrero.

El jovencito era sorprendentemente parecido a Jesse pelirrojo pecoso pero sus ojos eran negros como el ébano y tenia una expresión picara todo el tiempo, portaba una armadura ligera y negra al igual e su madre cargaba demasiados cuchillos.

El jovencito se apoyo en el enano que trastabillo un poco, pero en realidad lo hizo para ayudarlo discretamente a caminar.

- Vamos viejo roble, ayúdame un poco no ves la paliza que medio el grandullón.

El enano hizo caso omiso a su comentario y con testarudez agradeció el apoyo pero sobretodo la discreción

- ¡Ja, ja!, chico pudo ser peor...- El chico no pudo mas y cuando ya estaban lo suficiente mente cerca, como para escurrirse tras su madre.

- Tienes razón me pudo estrellar una piedra y robar mi arma una ¡niña!

Se escurrió tras su madre mientras esta le daba un golpe suave en la cabeza y separaba al enano del adolescente.

- Pequeña zarigüeya tu mejor truco es hacerte el muerto…- Decía el enano mientras trataba alcanzar al jovencito. -.. No estarás siempre tras tu madre.

Entonces el caballero se puso rígido su estricto modo de la disciplina no encajaba con la escena, estrujo sus manos para controlarse y dio un manotazo fuerte severo a su espada lo que hizo que esta golpeara la armadura y produjera un fuerte sonido.

- ¡Basta ya!, compórtense ante las damas eso incluye a Jesse, chico tu madre merece respeto.

Se giro con un paso marcial y se inclino ante la anciana nodriza y la bella Crista que se había escurrido junto a la alarmada mujer. Se inclino doblando su brazo derecho en su abdomen a modo de saludo como un cortesano mientras que con el otro sujeto a Víctor de la nuca y lo incito a hacer lo mismo.

- Mis disculpas Señora, Señorita siento muchísimo que presenciara semejante escena…-

Dijo esto mientras miraba discretamente al enano y al chico que estaban rojos de vergüenza a pesar de que parecía imposible en el vástago de Jesse.

- …permitan resarcir nuestro error escoltando su carruaje hasta el siguiente pueblo.

La anciana ya repuesta de la impresión inicial se envalentono y retomo su carácter de representante de la nobleza, enderezo tanto su espalda que paresia prepararse para el vuelo. Con un tono prepotente respondía al caballero desechando su propuesta y reprendiendo a cuanto rostro pudo encontrar.

-No creo que sea correcto que personajes de su calaña sean bien vistos como nuestra escolta…-

Miro de soslayo a los árboles alrededor del área y añadió con malicia.

-…además de que nunca me eh considerado en riesgo sino por el contrario su señoría temí por usted y vuestro grupo.

La violenta reacción de Jesse sobresalto a todos giro en una vuelta de carro mientras lanzaba un par de cuchillos, su vástago se ataco a tiempo con lo que sirvió de soporte para ella mientras lanzaba otra daga, el enano estaba tan sorprendido como víctor, pero mas por el hecho de ver al caballero amenazando a la jovencita con la punta de su espada.

Víctor apenas pudo seguir el trayecto de las dagas de Jesse que atinaron en sus objetivos dos cuerdas cortadas de arcos tensados, la daga del muchacho apenas fue capas de clavarse en un árbol a un par de metros de su objetito real. Un sujeto con aspecto de vago con un llamativo sombrero de ala ancha demasiado chico para su cabeza salio de entre los arbustos.

- No queremos un conflicto solo venimos por la chica y su nodriza.

Sonrió de manera grosera viendo a Jesse, mostrando sus dientes de oro pero sin despegar su mano de un objeto de madera y metal, que paresia el mango de un martillo pero tenia una extraña curvatura, y terminaba en lo que paresia ser un cilindró largo y del gado como los carrizos pero de acero.

- Somos sus escoltas.

La situación era tan tensa que paresia que un dragón acabara de anunciar su llegada, Joshua fue el primero en reaccionar preguntando a la muchacha si eso era verdad, pero a anciana fue la que respondió con una enorme sonrisa en la cara y una mirada maliciosa.

-Es cierto lo que dicen estos hombres.

- Claro, ¿que lo es que acaso no reconoce el emblema que la chica lleva bordado en su vestido?

Jesse fue la que tomo la palabra relajando su postura, sonriendo de manera confiada y bajando sus armas, mientras su hijo con una cara que habría hecho reír asta ah un golem la imitaba mirando con eminente perplejidad a su progenitora.

- Pero claro e la marca familiar del Capitán Daniachew, bajen sus armas chicos y dejen partir a la señorita, este asunto no es de nuestra incumbencia.

Con movimientos cadenciosos se acerco lenta y sugerentemente a Crista, ala que le susurro algo al oído y le entrego un anillo rápidamente sin que nadie se percatara.

- Si me necesitas ayuda solo llámame cuando estés en apuros y iré a salvarte, cuídate niña no sabes con quines te has liado.

Como en las peores tormentas con la rapidez que se desarrollo el conflicto así desaparecieron. Dejando al joven Víctor aturdido y claramente enamorado no se quejo ni una vez por los regaños del enano, apenas y pudo atender las palabras del caballero Joshua y mucho menos escuchar la letanía de Jesse.

El camino a casa fue peor que la paliza que acababa de recibir, el solo hecho de no poder verla de nuevo hacia que el frió de su cuerpo no se comparara al de su alma.
Repasaba los últimos momentos una y otra vez, su despedida el calor de sus delicadas manos el fulgor de sus ojos azules…




miércoles, 12 de noviembre de 2008

La reliquia perdida
El Clerigo de Helm



El cielo brillaba azul era muy claro, el viento frió calaba en su huesos, el sol tardaba cada ves mas en salir pero no era tan malo el día era hermoso.


El silencio del bosque se vio interrumpido por el sonido de una carreta y una conversación alegre. Las nubes empezaron a cerrarse la primer nevada era evidente, el viento soplaba fuerte los animales ya no hacían ningún ruido.


Entonces todo estallo la vio antes del grito de advertencia un hacha aparecía en el cielo, su hoja pesada hacia girar su mango bellamente labrado.


- Cuidado…- la carreta se detuvo, al igual su aliento.


En un rápido movimiento, rodó en el suelo a un lado; el movimiento fue justo, pues de inmediato escucho el duro golpe del hacha donde antes estuviera su cuerpo. Se incorporo tan rápido como pudo, solo para recibir la patada de un enano.


- Sigues pensando mucho chico, en lugar de actuar.


El enano no pudo decir mas pues un roca se estrello en su cara, al tiempo que una chica de cabellos rubios se arrodillaba junto a Víctor.


- Por favor déjenlo en paz, no ve que esta herido.


El desorientado Víctor no la distinguió al inicio por su dorada cabellera. El creyó que era su prima, pero cuando esta lo abraso para protegerlo con su cuerpo, noto que era delgada y no tenía la voluptuosidad de ella. Levanto la mirada y no podía creer tanta belleza en una mujercilla de quizás catorce años.


Un fuerte tirón de su cabello lo hizo regresar a la realidad y darse cuenta de que no era un ataque sino una prueba.


-Levanté y actúa como el hombre que eres Víctor ya no eres el chiquillo que salvamos.


Una delgada mujer de músculos firmes, piel marfileña con algunas pecas rojizas, una melena roja como el rubí ojos grandes y expresivos con unos labios delgados por la expresión de reprobación. Portaba una armadura de cuero tachonado unido por varios cintillos y un relieve plateado al final de un exponencial escote de una deidad guerrera.


Era Jesse Escarlet la extravagante recolectora de objetos perdidos para la iglesia de Torm. Lo miraba fijamente con un gesto de reprobación, estaba a punto de soltar una letanía de reproches cuando; se escucho un gruñido, mientras un hacha apareció lenta y pesada permitiéndoles separarse un paso atrás seguido de una fugas de cabellera dorada. Los dos fueron sorprendidos por la osadía de la jovencita que intento un ataque con la pesada arma estuvo mas cerca de acabar con su protegido, emprendió mucha fuerza pero poca precisión, que al final se la llevo en vilo.


- Me agrada esa chica pero intentaría con un arma distinta.


Los pesados pasos de una fuerte armadura rompieron la conmoción, el fornido guerrero se inclino tendiendo una mano a la chica.


- Tranquila no lo están atacando, solo es el saludo de viejos amigos…


Ella levantó su rostro contrariado y acepto la ayuda después de la duda inicial.


-… valla que eres bella para ser una jovencita. Pero muy imprudente pudiste resultar herida.


Un chillido a rebano el aire y una anciana llego hasta ellos chillando y regañando al mismo tiempo, como si ello fuera posible.


-Crista mi niña, como se te ocurre salir corriendo y enfrentarte a estas…


Sus ojos se crisparon al ver a Jesse Escarlet con su prominente escote y de hay Joshua con su porte elegante propio de un caballero.


-… individuos, debes tener cuidado.


Las últimas palabras apenas fueron audibles, como un coyote asustadizo cubrió a la chica con su pequeño cuerpo, pero un gran temor en sus ojos la delataba. Crista se separo de ella sacando una pañoleta con que inicio a limpiaba los cortes en las manos de Víctor.


- Estas sangrando mucho hay que atender tus heridas.


Alzo su rostro, un mechón resplandeciente cruzo sus ojos y por fin sus miradas se cruzaron. El mundo se detuvo pudo distinguir un copo de nieve suspendido entre ellos, su corazón se estrujo y por un segundo murió en esos cristales índigos que eran sus pupilas.


La amaba y la amara siempre su reliquia perdida.



Aclaro que el dibujo no es mio y me comprometo a substituir lo en poco tiempo.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Las Hojas caen el Luskan
El Clerigo de Helm


Nota del diario de Víctor:

Durante mi estadía en Silvermoon aprendí muchas cosas algunas buenas otras dolorosas. Como refugiados fuimos un símbolo los políticos nos pasearon como espectáculo para logra su objetivos. Al final nos olvidaron, mi gente murió a manos de la horda pero mi pueblo murió en Silvermoon la supuesta ciudad de la igualdad y justicia me dio la mayor lección.

- Si no eres rico o famoso no eres nadie en Silvermoon.-

El sol estaba en su plenitud pero no caldeo el ambiente la llegada del otoño fue notable, las colinas habían perdido el esmeralda por un color pardo, los arboles arrojaron sus hojas al suelo, los animales ya habían comenzado a buscar refugio.

Según el druida que visito la ciudad el invierno seria muy largo y duro. Ese día termine mi labor en “la faena” y tenía un nuevo trabajo, comenzaba al siguiente día. Con solo quince años no se podía conseguir trabajo fácilmente, pero a pesar de casi todo el año estar solos en invierno mi prima y yo teníamos visita.

- ¿Clarisa, crees que este año vengan a vernos?, después de todo son viajeros quien sabe que tan lejos estén.- El joven víctor se limpiaba el sudor que solo ocasionaba frió, con el dorso de su manga mientras observaba a su prima quien cada día era más guapa, con las bendiciones y los problemas q esto ocasionaba.

De cuclillas entre las hortalizas Clarisa trataba de no distraerse de su tarea pues la recolecta de “chayotes” era realmente tediosa y un poco peligrosa pues las es pinas de estas verduras eran realmente dolorosas.

-Por supuesto que vendrán Víctor que te hace pensar lo contrario, desde que nos llevaron a Silvermoon, las cosas que consiguieron sacarnos de la ciudad y traernos a esta ciudad…- lanzando un suspiro y mordiéndose ligeramente su labio- …se que vendrán ya lo veras.

“La ciudad de las velas” no era tan mal lugar o al menos eso quería creer, trabajaban con los campesinos, por lo tanto eran de los pocos honestos de la ciudad. Que a pesar de lo atractivo de su nombre en realidad era el puerto favorito de piratas, corsarios, mercenarios, señores de la guerra y uno que otro asesino asueldo.

Ellos vivían alas afueras de la ciudad en una pequeña casa que se ajustaba bastante bien para los dos y sus visitas invernales. Los héroes que los rescataran de las redes de los kobolts el Clérigo de Tyr Joshua, la bella y letal Jesse que como ella lo define se dedica a recuperar cosas perdidas de los dioses, el siempre negativo Brorrum caballero del Mithirl hall.

Por la noche Víctor y Clarisa se sentaron en su pequeña mesa que ya habían situado más cerca de la chimenea la cena solo un poco de sopa, pan y agua pues no podían costearse más.

Por la mañana como todas las mañanas Víctor se levantaba para correr cinco millas recoger algo de leña y correr con ella acuestas, es te ejercicio matutino había levantado en un inicio la burla de los hombres pues el jovencito con 13 años no era impresionante.

Pero habían pasado ya tres años y medio desde que llegaron al “Ultimo Puerto” una pequeña villa costera que estaba a solo 15 minutos de Luskan, ahora Víctor era un joven de 17 años con un cuerpo musculosos con la altura de un adulto era las delicias de las mujeres casadas de la comarca, que muchas querían la visita clandestino del chico.

La villa no era muy diferente de la ciudad y corrían varios chismes alrededor de Víctor y su joven y voluptuosa “prima” Clarisa. Algunos decían que eran un par de nobles de Waterdeep que se fugaron por sus familias, otros que eran los hijos bastardos de algún Lord de Neverwinter y otros más intrincados aun lo cierto es que para el pueblo eran un par de cautivadores jóvenes con amigos poco agradables.

Ese día en específico Víctor recorrió todo su camino de ida cuando paro a recobrar el aliento su oído estaba algo aturdido, su aliento agitado. Víctor se inclino para facilitar la respiración y para descansar sus piernas un poco. Un ruido atrajo su atención de inmediato hacia uno de los arboles, apenas alcanzo a girar sobre sí mismo cuando vio pasar el letal brillo de una hoja. Rápido como Jesse le enseño rodo, en el suelo y se giro para cubrirse con un árbol y des enfundo la daga que Joshua le había dado tiempo atrás.

Una silueta surgió de los matorrales cubierto por una capucha no vio el rostro del atacante que se lanzo con una espada corta directo a sus costillas, apenas alcanzando a desviar la espada de su atacante le propino un cabezazo cuando su rostro estuvo a su alcance. Pero el bandido estaba bien preparado y aun que libro la mayor parte del impacto aun si recibió daño con el golpe. El ladrón se tiro al piso e hiso un tornillo con lo que consiguió desarmar a Víctor que sorprendido por el movimiento apenas al canso a reaccionar cuando una nueva daga pasaba cerca de su rostro.

El sonido silencioso de una carrera logro despabilarlo para ver que el ladrón atacaba de nuevo haciendo una carga directa Víctor Hiso lo que Brorrum le había platicado en sus historias, primero pensando en compensar su estatura con la de un enano incoo su rodilla izquierda, y con las manos desnudas sujeto la hoja de la espada solo para desviarla y con su cuerpo rodar con lo cual lanzo al ladrón por los aires, completamente desarmado y asiendo lo estrellarse contra un árbol.

Víctor se quedo un momento tendido en el suelo estaba cansado, la distancia corrida y el combate habían acabado con sus reservas de energía estaba mareado y tenía unas cortadas terribles en las manos.

Lo único que sabía en ese instante era que no todo lo que Brorrum contaba era verdad.

lunes, 14 de julio de 2008

Los Héroes y un nuevo hogar...
El Clérigo de Helm




Era esa hora del amanecer en la que la noche se aferra por no abandonar el mundo, cuando el frió cala asta los huesos, cuando el silencio duele en los oídos y cuando la muerte asecha en las sombras.

La dama de misteriosa mirada me levanto en vilo y me arrastro prácticamente tras la elfa. Pude notar ahora que sus manos eran delicadas suaves pero firmes también note hasta ese instante q su cabello en realidad era rubio platinado, su armadura era de cuero se veía resistente pero no hacia el mas mínimo ruido mientras caminaba con una cadencia engatúsante, le quedaba muy ajustada a su cuerpo era tractiva mero aun medaba miedo.

Cuando llegamos justo al caballero y el enano la joven elfa estaba de rodillas ante el caballero que examinaba ala líder mientras el enano buscaba en sus alforjas.

- Por favor… acaben con su dolor yo… no puedo… no puedo hacerlo.- La exploradora elfa deposito en el suelo a su capitana y oculto sus lagrimas tras sus manos.

El enano saca un frasco de cristal con un líquido verdusco que me pareció conocido, pues mama tenias varias botellas iguales; uno siempre estaba sobre la chimenea y era el ungüento que siempre utilizaba para curar nuestras heridas, no dolía y no dejaba cicatrices.

Ahora de cerca el caballero emitía un aura de tranquilidad mi miedo se fue, caí en cuanta que no traía el casco su cabeza estaba rapada y tenia un tatuaje que cubría el área en la que antes hubiera cabello. Se quito los guantes y descubrió el cuerpo moribundo el enano le tendió la poción pero este rechazó el frasco y saco de su peto un medallón en el cual colgaba un guante con una ondulación, el símbolo de Torm, el dios del honor y la justicia al menos eso recordaba.

-No le daré una poción, pues eso solo cerraría sus heridas y aun que la salvaría el resultado seria poco honroso para una capitana de la guardia de Silvermoon…- su vos era severa pero reconfortante. -… le devolveré su dignidad pero debo quitar su armadura, o lo que hay de ella.

- Déjame hacerlo a mí y tu quédate quieto en ese lugar…- dijo la mujer mientras me señalaba con su dedo índice, solo logre asentir con la cabeza -… requiriere una capa para cubrirla pues la que porta esta sucia con sangre y dame tu odre de agua-enano.

No supe si fue mi oído o lo había pronunciado como si fuera una sola palabra, lo cierto es que el enano se crispo y su gesto era aun más malhumorado cuando le dio su corta capa y el odre. Clarisa se acerco a nosotros junto con un nutrido grupo de personas que vean el cuerpo destrozado y desnudo de la elfa; yo ni siquiera notaba lo ultimo pues estaba atento a lo que el hombre de la armadura realizaba, así como a su medallón que con cada palabra emitía una especie de zumbido y irradiaba una luz azulada que se empezaba a extender.

-Dale el brebaje…- dijo con un susurro y algo de dificultad…-y prepárate para cubrirla.
Tenia su frente perlada en sudor la luz se intensificaba y la vibración cada vez era más fuerte, los ojos de la mujer elfa se pusieron en blanco y su dolor pareció desaparecer.
La cabeza séle fue hacia atrás y se elevo unos centímetros del suelo la luz del amuleto parecía que la atraía del cuerpo de la dama elfa comenzó a emanar luz y los huesos iniciaron la materialización, luego las venas y arterias como una raíz interminable, los músculos y la piel.

Todos tragaron saliva nadie podía hablar, tenia miedo, pero a su ves estaba fascinado no podía apartar mi vista de sus brazos y piernas. La habilidosa mujer humana atrapo a la dama elfa cuando la luz se extinguía, la cubrió con la pequeña capa que afortunadamente no cubría sus nuevos miembros.

-Valla la ultima vez, era menos serio y no tan espectacular, tu señor Torm debe estar a favor de la orejas picudas.- Dijo el enano mientras recuperaba su odre que despedía un fuerte olor ah alcohol.

Así fue como tuve mi primer encuentro con aventureros experimentados, con un clérigo de Torm, el resto del camino ellos nos acompañaron, las elfas estaban muy débiles y viajaron con Clarisa en la carreta. Fueron diez días pero para nosotros los refugiados, los que sobrevivimos, paresia que hubieran pasado meses.

Era e anochecer del décimo día el clérigo Stev viajaba a la cabeza de los refugiados, el enano Brinmador estaba cuidando a los rezagados al final de la marcha, Sharif la compañera de estos viajaba a mi lado, hablaba muy poco pero no me dejaba a solas ni a mi prima y las elfas. Caminábamos justo detrás de Stev ya era de noche y se detuvo en la cima de la colina, cuando llegue hay la vislumbre por primera ves Silvermoon.




jueves, 10 de julio de 2008

El Héroe y el milagro.
El Clérigo de Helm




Durante 16 años no supe explicar lo que paso esa noche, pero ahora es diferente…

Estaba solo me sentía traicionado abandonado, pero le recé al único que tenia el coraje para presenciar tal injusticia y el me escucho, mis lagrimas corrían por mis mejillas y la rabia emanaba de mi corazón. Sujete a Muerte con mi mano izquierda y toque la mejilla de Clarisa, empezaba a levantarme para cargar contra la quimera y su jinete cuando Clarisa abrió los ojos…

-Víctor…..tu madre…vi a tu madre.

No pude escucharla solté a Muerte la abrase, en ese momento la quimera noto nuestra presencia pero antes de q pudiera hacer nada llego la caballería. Un hombre solitario cargo contra la bestia y su jinete, portaba una armadura pesada con gravados y relieves que figuraban el guante de una armadura, su yelmo tenia la cabeza de un caballo dos alas a los costados y una coleta en la nuca, el visor echado paresia un sueño como si hubiera caído del cielo refulgía con la luz de las estrellas, aun q solo eran las de Helm.

Corrió por los matorrales asta el claro, el chaman descargo un mortífero rayo de su mano hacia el caballero pero este solo mormuro unas palabras y levanto su mano sin parar la marcha. El rayo paso de largo al rededor de el formando una esfera don de el pasaba, la quimera se lanzo sobre el caballero con sus tres fauces abiertas, el caballero descargo un golpe con su espada.

Fue poderosa y cegadora su espada refulgía como la luna, escuche el crujir de los husos al romperse un liquido carmesí y esmeralda se espacio por doquiera el chaman cayo de bruces, cuando me recobre del efecto de la luz, pude ver al caballero girando en redondo hacia su derecha para esquivar otro conjuro esta ves esa un polvo dorado el que salía de la mano del Kobol, la quimera trato de levantarse pero 2 de sus cabezas colgaban inertes y murió.

Todo fue muy rápido pues el caballero sin interrumpir su movimiento termino el jiro, y descargo otro fatal golpe, la cabeza del chaman cruzo el claro y cayo a escasos metros de nosotros.

-¿Quien es el?- dijo Clarisa mientras trataba de levantarse, pero una mano se lo impidió.

-Que crees que haces jovencita…- dijo en un tosco acento un enano sujetaba a Clarisa por el hombro…- esas flechas necesitan atención, sobretodo la de Kobol.- El enano tenia una armadura de cuero, un martillo sobresalía por su espalda, su rostro duro como el mármol miraba de reojo al caballero.

- ¡Bah! Siempre se queda con la diversión no se preocupen chicos el peligro se acabo.

Una mujer llego asta nosotros sin hacer el menor ruido y se inclino para extraer con una gran destreza las flechas de clarisa, era obvio que no era la primera ves que lo hacía ya que mi prima ni siquiera se quejo.

- ¿Que crees que impulso a esa manada de kobols a llevar acabo tan audaz ataque?

En un abrir y cerrar de ojos ya había vendado las heridas de mi prima, era muy guapa pero sus ojos mostraban algo tenebroso, entonces caí en cuenta que me veía directamente ¡a mi! y el miedo recorrió mi espalda

- Lo que realmente es importante es averiguar ¿Quien los organizó y les otorgo esa aberración?

Menciono el enano mientras caminaba rumbo a donde estaban los demás refugiados, su paso firme denotaba el coraje que contenía sus manos se posaba sobre uno de sus bolsos como si aferrara con coraje su contenido.

Entonces un grito agónico surgió de de la arboleda por la que nos habíamos escabullido de ella surgió la joven elfa cargando un bulto envuelto en tela y corrió asta el caballero.

-¡Esta viva ayúdeme por piedad!- La líder descuartizada movía sus labios y lloraba…

jueves, 3 de julio de 2008

La Quimera y el…
El Clerigo de Helm



Pido una disculpa a cualquiera que pueda leer este diario por mi horrible interrupción, pero en sustento a ello les diré que este diario lo escribo mientras mis amigos y yo combatimos un ejercito que se hace llamar “Red Hand”, hasta ahora solo hemos logrado contenerlo y retrasarlos, cuatro días, mientras corremos al siguiente punto, el objetivo conseguir tiempo y aliados para la batalla final…


… no permitiré que Brindol caiga no, caerá otra ciudad llena de refugiados, no de nuevo.


Un silbido suave se escucho sobre nosotros, no lo pensé lo juro solo jale a Clarisa y la metí debajo de la carreta y me lance tras ella. La lluvia de saetas callo del cielo acompañado de decenas de gritos histéricos, pequeñas criaturas de las cuales jamás me percate saltaron al camino.


- Emboscada…..formen un circulo…agh – La capitana Elfa callo dando ordenes, no sin antes salvar a dos ancianos, sus hombres confundidos y desorientados iniciaron el contraataque contra todo lo que se moviera y no tuviera orejas puntiagudas.


- Víctor muévete la carreta esta avanzando…- dijo ella con dificultad mientras las lagrimas surcaban su cara, la flecha estaba alojada en su hombro por lo que el gatear, seria un esfuerzo titánico.


Avanzamos no se cuantos metros, pero cuando la carreta se detuvo creí que nuestro burro abría muerto, mire a mis espaldas para contemplar como alrededor de media docena de Elfos se apiñaban unos cuantos de cadáveres de los pequeños Kobols, de repente se escucho un cuerno y los kobols huyeron.


La victoria era para los elfos diezmados, de los veinte de la patrulla solo quedaron ocho y siete corrieron tras los kobols pues huyeron con los cadáveres de sus compañeros.


- Vamos Clarisa, párese que todo acabó...- De sus escondites salieron los refugiaos, eso era algo que aprendimos bien; a escondernos de la trifulca, en medio del camino una elfa contemplaba a su capitana horrorizada, fue a la única que dejaron los kobols, no sin llevarse sus brazos y piernas. El silencio no se rompió pero poco apoco todos se acercaron a ella y entonces, los elfos aparecieron corriendo chillando lago que no entendí la joven solo levanto la mirada en dirección a sus compañeros y después al cielo.


- Mira Clarisa en el cielo…- mi dedo se dirigió ala silueta que acosaba a los elfos es aterrador y…- hermoso pensé nunca lo dije aun ahora creo que era un sueño y no me explico por que creo ese efecto en mi.


Tarde años en ver otra y mas en averiguar su nombre, era una Quimera y en su lomo llevaba aun Kobol vestido de chaman, todos fuimos testigos de cómo la cabeza de dragón escupió su mortal flama, después se lanzo en picada asiendo un torniquete en el aire para atacar de frente a sus presas, su cabeza de león atrapo a uno en sus fauces, mientras la de carnero ensartaba a otro en sus cuernos para después lanzarlo por los aires ya sin vida, la qimera callo sobre otros dos y solo escuchamos un fuerte chasquido como el reventar de ramas, segiro velozmente sobre su eje y su mortal cola golpeo a los dos restantes y antes de tocar el suelo una enorme bola de fuego nacida de los dedos de su jinete acabó con ellos.


-Clarisa estas bien, respóndeme…- ella callo en mis brazos inconsciente, mire en todas direcciones pero todos estaban ocupados, mama había insistido en que aprendiera primeros auxilios, pero no sabia que hacer así que solo cheque su corazón.



-… no me dejes prima.-



Y recé por primer ves, nunca había creído en los dioses, pero hay estaba el, siempre el, aun en mis mas obscuros momentos y nunca me percate de su cuidado hasta que toque el fondo del barril.

viernes, 27 de junio de 2008

Muerte y “el Insignificante” Enemigo
El Clérigo de Helm





-Solo son rastreros refugiados humanos, no valen la pena señor.- Habla en un murmullo el primero de ellos, la luz huye de él, aunque dudo que fuera obra de la casualidad.Agazapado bajo la carreta recuerdo la mano de Clarisa cubriendo mi boca y a otra sujetándome por los hombros, para evitar que utilizara mi pequeño secreto.
El frió contacto del metal, el cuero curtido entre mis dedos, el olor de la sangre seca en su extremo superior.Nunca entendí porque Madre le puso ese nombre y en ese momento lo comprendí; “Muerte” estaba en mis manos esperando la señal de mi brazo para llevar acabó su cometido, pero no fue la hora, aun faltaba más por venir, su primea sangre en mi mano tardaría 7 años en salpicar mi inocencia.

-¿De dónde vienen y adonde van?, ¿Quien es el líder? ¿Qué los ataco? - Las palabras brotaban de sus labios, pero no eran fácil de comprender tenía un acento extraño, demasiado suave y melódico, pero estaba claro que no era cortes el líder elfo.

- Víctor suéltalo…- susurraba a mi oído - …creo que son elfos, nos mataran, nos desprecian se ve en su mirada, creo q su líder es una mujer…agh- me dolía que mi prima fuera tan cobarde ni un ápice de lo que fue mi tío.

No lo vi venir, un fuerte tirón la saco debajo de la carreta, pero les aseguro que él tampoco vio a “Muerte” cuando se estrello en su entre pierna, ni mi débil silueta cuando lo arrojó aún lado y entonces se desato el infierno.

- ¡Goblin, atacad! es una emboscada…* y el ignorante elfo disparo una flecha a Clarisa y fue lo último que hizo en vida, el astil en su pecho proyectaba una tétrica imagen la punta clavada en el suelo lo mantenía en pie formando un ángulo de muerte.

Al principió creí que la horda nos había seguido, pero enseguida salí de mi error, los pequeños Kobol me enseñarían esa noche una valiosa lección:

“No importa el tamaño o lo duro de la presa, todos podemos morir y subestimar a tu presa solo es el principio de tu caída”.

Los arrogantes elfos, también la aprendieron, pero antes tu vieron que sacrificar a varios de sus hermanos de raza.

martes, 24 de junio de 2008

La Guerra y el Infante
Clerigo de Helm



(Midnight Tides ©Todd Lockwood )


La fría noche de los valles entorno a Silvermoon, levantan una densa cortina de niebla, el camino agreste, los grandes árboles y el sonido de los animales nocturnos ya no pueden causar mella en el animo de los sobrevivientes campesinos de la Villa del Viento. Sus pesados pies demuestran solo una fracción del dolor y la congoja que se anida en sus almas; a 3 días de camino atrás quedan las cenizas de lo que alguna ves fuera su hogar.

Los Orcos, enemigos eternos de los Elfos encontraron un aperitivo en la pequeña población humana, arrasándolo todo a su paso robando lo que les fuera útil y asesinando por diversión a los que se atrevieran hacer frente a la horda; llego de noche y desato el infierno sobre sus habitantes. Los que corrieron con suerte lograron escapar, niños, mujeres y ancianos en su mayoría, las carretas para los heridos y una endeble guardia al final.

Entre todos ellos destacan un par de adolescentes montados en una carreta; ella casi una mujer muy bella si la situación fuera distinta cabellos dorados llenos de lodo y sangre su piel blanca no corrió mejor suerte de rasgos finos estropeados por una nariz rota, unos tapones de algodón sobresalen de ella, la delicada línea de sus labios destrozada por un corte transversal. A su lado un joven que empieza a dejar la niñez cubierto de la sangre de sus padres con la mandíbula apretada al igual que sus manos hasta hacerlas sangrar su mirada fija en el cielo refleja un odio que raya en la locura.

- Víctor primo afloja tus manos te haces daño, por favor mírame es una locura
lo que mascullas. - la joven lo sacude mientras las lagrimas surcan su rostro.

La niebla empieza a ceder antes de que el joven reaccione y como sí fuera una señal una porción del cielo nocturno se despeja dejando ver un puñado de estrellas.

- ¿Dime Clarisa quien es el que se asoma en el cielo?, pregunta Víctor entré dientes mientras señala con su dedo el grupo de luces celestiales.
- ¡Víctor no señales! Ese es el señor Helm el que todo lo ve, el es el guardián de la verdad y el verdugo de el padre de los dioses. ¿Quieres algo de comer?
El centellar de las espadas hace saltar a los jóvenes para resguardarse bajo la carreta, mientras decenas de siluetas rodeaban a los asustados campesinos.

Las Noches Carmesí
Clerigo de Helm

La noche caldeada, el sabor a tizné en mi garganta, el ardor en mis ojos, las murallas de humo cernidas sobre nosotros y la noche carmesí como sombrío telón de una opera de la muerte… Definitivamente esta experiencia ya la he tenido, el silencio de la muerte, los gritos de dolor de familiares de los caídos y desparecidos, los chillidos de agonía de los heridos, el arrastrar de los pies por los senderos, el crujir de las ruedas de los vagones y el crepitar de la llamas en la lejanía, aun se escuchan los tumultos del saqueo. En mis manos estrujo la hedionda marca del culpable de esta triste puesta en escena, y por la ira de mi señor Helm este símbolo tampoco es la primer ocasión que la miro, pero a diferencia de aquella ahora si puedo efectuar mi retribución. Recuerdo mi primer cielo carmesí, el olor de la sangre aun golpea mis sienes, el dolor de la ira aun esta presente, por las noches tengo pesadillas con esas enormes criaturas masacrando a mis padres, el silbido viperino de las flechas surcando el cielo, fue el primer aviso de lo estaba por venir; la horda ataco como una gigantesca ola de muerte en plena tempestad, la agonía inundo a caudales el cielo nocturno, el fuego se extendió como la brisa de primavera, todo se nubla pero hay algo que no puedo olvidar: la zarpa sangrante, el cielo carmesí sobre mi aldea y la imagen de un Orco atravesando el cuerpo de mi madre. Pero esta ves Helm esta conmigo y si mi fe flaquea a un tengo mi mazo para pelear. Esta noche hemos de retroceder hay q atender a los heridos, procurar descanso a los caídos esperar a los atrasados... y buscar un milagro para los que aun son útiles en vida, por que se avecina una tormenta. Que are escuchen los dioses con mi mazo sobre el líder de la horda.

Frente a nosotros marcha una carreta con el cuerpo de mi compañero un joven arcano de nervios traicioneros pero un coraje inquebrantable, si hubiera golpeado cuando pude a esa manticora el quizá no estaría tendido con un hueco en el pecho, a mi lado camina la única prueba de que los milagros existen, nuestro antiguo líder como regreso al mundo de los vivos es un misterio aun para mi seguidor del que todo lo ve, y en mi espalda la Capitana Sorana con quien recientemente me comprometí…

…mas no la primera.



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